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En Mompox sano, salvo y acalorado

  • henrygru0
  • Apr 6, 2021
  • 3 min read

Updated: Apr 9, 2021

Mompox es de esos lugares que quedan cerca en distancia pero muy lejos cuando se les quiere llegar. Una cadena interminable de trasbordos hasta que, de repente, nos encontramos en un oasis de arquitectura colonial en medio del Magdalena. A las 630 de la mañana llegué al aeropuerto en Bogotá para tomar mi vuelo a Montería. Luego de 50 minutos de vuelo,valga decir que era el único rubio en el avión, aterrizamos en un pequeño aeropuerto de provincia donde todo el mundo pareciera que está a punto de tomar una siesta. Mucho calor y luz. A las 8.30 de la mañana salgo del terminal y comienzo a negociar con los taxistas pronunciando con mi mejor acento caribeño para asegurarme que no me den la tarifa de gringo. El colectivo a Sincelejo, 4 veces más barato y 9 veces más apretado, está a punto de salir así que me animo y me monto. Casi dos horas después, con la pierna algo adormecida, me avisa el chofer que hemos llegado y que tengo que tomar otro colectivo a Magangué. Me compro una mano de bananas y me monto en el asiento de atrás de un colectivo pequeño y destartalado con dos cornetas inmensas detrás de mi cabeza muy cerca de mi oído malo (el carro está tan oxidado que si me corto me puede dar tetano). Una hora y media a Magangué. En Magangué me dejan a orillas del río donde me toca tomar una chalupa (la versión marítima del último colectivo) que por 3 dólares me llevara al pueblo de Bodega a media hora rio abajo. Con mi salvavidas puesto y sin moverme mucho -el bote se balancea bastante- disfruto del paisaje, de los cientos de garzas al borde del rio y un cielo azul azulisimo. Al llegar a Bodega hay que tomar otro colectivo hasta Mompox, 1 hora de camino por una carretera a veces pavimentada a veces no. Para ese momento ya he entablado conversación con Fabricio, mi compañero desde Sincelejo, un señor de 56 años que viene a visitar a su mama en Mompox y a quien ya le regale dos de mis bananas. Fabricio me cuenta que le ha ido bien en la política, que desde hace dos años tiene un buen trabajo de vigilante nocturno en la alcaldía de Sincelejo, que una vez al año visita a su mama, que el nunca se enferma de gripa, que el de pequeño comía mucha yuca y bagre, que su esposa es del mismo pueblo, que Bogotá es muy grande, que el aeropuerto de Mompox lo van a abrir pronto, que no deje de visitar el cementerio y que no me pierda el bagre frito. Nos despedimos justo antes de entrar al pueblo "feliz año" me dice y me sonríe sudado (todos estamos sudados). Seguimos por unos 15 minutos más hasta que me encuentro frente al Hostal de Doña Manuela. Entro y me dicen"bienvenido señor Grunberg", como si fuera el único rubio que ha visitado Mompox desde que O´Leary paso por aquí con Bolívar camino a Santa Marta. Xandra y su hermano no han llegado, vienen de Medellín en carro, asi que dejo mis cosas y me voy a pasear. Mompox tiene tres calles: la primera, la del medio y la de atrás. Me voy a la primera, al borde del río, y me siento a comer en un restaurante que recomienda mi guia. Me toca una mesa al lado de Anokye, un francés que lleva semanas viajando por Colombia sin afeitarse. Pido el bagre, el no, y (sudados) nos ponemos a hablar sobre itinerarios y lugares secretos en Argentina, Bolivia y Perú. De allí salgo a pasear y tomar fotos, me siento a hablar con Elizabeth, una señora de 80 anos que todos los días se mece frente a su casa de 2 a 6. Me cuenta que sus abuelos contaban que sus padres (los bisabuelos de Elizabeth) contaban de cuando Bolívar visitó Mompox. Me recomienda que coma bagre y me explica como llegar al cementerio (ya a estas alturas estoy ubicado, son tres calles después de todo). Fundada en 1537 y nombrada así en honor al cacique vencido, Mompox fue la primera ciudad en Colombia en unirse a la causa independentista. "Si a Caracas le debo mi vida a Mompox le debo mi gloria" dijo Bolívar para quien la ciudad siempre ocupó un lugar muy especial. Por mucho tiempo Mompox fue punto de paso en la ruta de Cartagena a Bogotá hasta que el exceso de sedimentación hizo que el brazo del rio Magdalena que pasa por Mompox dejará de ser navegable. Allí se detuvo el tiempo, la siesta ha durado más de un siglo. Sus hermosas iglesias (Santa Bárbara, Concepción, San Francisco, San Agustín....) se entretejen con las plazas, los balcones, las casonas coloniales y el cementerio blanco. Mucho sol y artesanía, paredes descoloridas, pocos turistas y buen bagre.

 
 
 

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Señor Grumberto

Soy adicto al chocolate, los viajes y reir sin parar. Adoro a mi cubana y nuestros hijos, a Camila mi primogénita, fiel amigo, amigo de mi hermano. Soy glotón y devoro páginas. Vivo cada día como el primero de mi vida!

 

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