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Dos Hermandades en Sri Lanka

  • henrygru0
  • Apr 9, 2021
  • 34 min read

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Herramientas que caen, carretas de legumbres,

rumores de racimos aplastados,

violines llenos de agua, detonaciones frescas,

motores sumergidos y polvorienta sombra,

Residencia en la Tierra

Pablo Neruda

Ceylan - 1929-30


       Acordamos encontrarnos ese jueves al final de la tarde para cenar en Colombo y asi fue.  Francisco y Fernando y Henry y yo, dos pares de hermanos, nos saludamos contentos bajo un arbol de mango en el patio del Taru Villas ( https://www.taruvillas.com/hotels/lake-lodge) nuestro pequeno hotel en el ombligo de Colombo a orillas del fosforecente lago Beira.  Nos recibio un coro ensordecedor de kaputtaas, que asi se dice cuervo en cingales (y no sin razon), un graznido sideral que llena cada rincon de la ciudad al amanecer, al atardecer y a cualquier hora, miles de cuervos extrovertidos conversando en las ramas de arboles frondosos del tropico que, a Henry y a mi, nos traen memorias de Caracas.  

 

    Tenemos reservacion esa misma noche para cenar en el Ministerio del Cangrejo, un restaurante muy recomendado que queda en el antiguo hospital holandes, hoy reconstruido, donde comienza el centro historico.  Tomamos dos tuk tuks (un hermano de cada familia en cada tuk tuk) y nos zambullimos en el trafico de Colombo.  Los turistas, al menos los que venimos de esta parte del mundo, siempre nos fascinamos al sumergimos en los rios de vehiculos -motos, carretas, carros, tuk tuks- que recorren las ciudades del sureste asiatico.  El pulso del sistema circulatorio, de las venas, arterias y capilares de la ciudad, va aumentando a medida que se acerca el "rush hour" y nos encontramos de repente en medio del caudal de gente que, entre resignada y apurada, quiere llegar a casa, un caos ordenado cuyo codigo no podemos descifrar.  La vida entregada a nuestro diestro conductor de Tuk Tuk que va en contrasentido evitando el trafico viscoso, quiere demostrarnos que valio la pena las 100 rupias extra que nos negocio.                                                                                                          

          Henry y yo estamos algo familiarizados con la ruta, llegamos casi un dia antes que los otros hermanos y ya tuvimos la oportunidad de pasear por la ciudad.  La Gran Colombo, que incluye suburbios aledanos, tiene cerca de 6 millones de habitantes, un poco menos de un cuarto de la poblacion de Sri Lanka.  Como todo el pais, Colombo tiene la memoria, los sabores, las cicatrices y los traumas de un potpourri colonial.  El olor a canela y cardamomo, el marfil y los zafiros, atrajeron a portugueses, holandeses e ingleses, en ese orden, desde comienzos del siglo XVI hasta la declaracion de independencia en 1948.   La mezcla de culturas, sin embargo, comenzo mucho antes de aquella tarde en 1505 en la que el joven Lorenzo de Almeida se tropezo con las costas de Colombo o de la visita de Marco Polo a finales del siglo XIII.   Muchos siglos antes ya hubo prosperos asentamientos de mercaderes arabes, el celebre viajero Ibn Battutah visito la isla que el mundo arabe bautizo como Serendib; hace mas de quince mil anos que los veddas habitaron el litoral y el interior mas inhospito, los primeros habitantes de la isla de los cuales hoy apenas unos cientos sobreviven haciendo espectaculos para los turistas; tamiles, en su mayoria hindues, en el norte y la costa este; y cingaleses, en su mayoria budistas convertidos alrededor del siglo 3 AC, en el resto de la isla.   La poblacion es hoy 70% budista, 12.5% hindu, 10% musulmana y 7.5% cristiana, una combinacion que con frecuencia ha resultado inflamable, inflamable y sangrienta.



        En la manana salimos caminando de nuestro hotel hasta el Galle Face, una esplanada frente al mar donde desde hace cientos de anos se reune la gente al atardecer para pasear, volar cometas y comer en los puestos de vendedores ambulantes. La ciudad, que esta recostada frente al mar, tiene su centro de gravedad en en Galle Face que termina en el puerto y la zona historica.  Muy cerca estan el Shangri La y el hotel Kingsbury donde un domingo de marzo explotaron dos bombas en un ataque suicida de una celula extremista musulmana a hoteles de lujo e iglesias.  El atentado revivio memorias de la larguisima guerra civil (1983-2009) entre los separatistas tamiles del norte y el gobierno de la mayoria cingalesa.  Los Tigres Tamiles, una de las mas sanguinarias guerrillas entre cuyos aportes al terrorismo mundial figura la invencion de los ataques suicidas, pelearon por casi tres decadas contra el gobierno y el ejercito Indio.  Finalmente en 2009 las fuerzas armadas lanzaron una campana de exterminacion total de los Tigres, junto a ellos decenas de miles de civiles fueron aniquilados en la ofensiva final.   Las bombas de marzo sirvieron de pretexto para ataques a la comunidad musulmana que, salvando las diferencias, algunos compararon con los terribles pogroms contra la minoria tamil en 1983 que dio inicio a la guerra civil.  La violencia etnica y politica, que ha marcado el ritmo de la vida de la isla desde la partida de los ingleses en 1948, ha tenido una pausa en los ultimos diez anos.    A raiz de los ultimos atentados, el pais, que se habia convertido en uno de los destinos turisticos mas populares de la region, ha sufrido una caida precipitosa en el numero de visitantes.


Hicimos la primera manana una caminata guiada de casi cuatro horas, Harold nuestro baquiano, de la zona del Fuerte y el mercado de Pettah.  Comenzamos en el antiguo hospital holandes y de alli fuimos recorriendo la historia de la ciudad.  Quedan muy pocos rastros de los portugueses, muchos apellidos Sousa, Fernandez, Silva y algunas palabras en el cingales, algo mas de los holandeses y mucho de los ingleses incluyendo el unico faro del mundo con un reloj (fabricado por la misma compania que hizo el Big Ben).  Se siente algo del esplendor del siglo XIX y comienzos del siglo XX, de la Pax Britannica, de los ultimos estertores de la vida colonial que el escritor canadiense/sri lankes Oondatje retrata en su maravilloso libro “Running in the family”.  En algunas esquinas todavia se ven los antiguos buzones de correo, rojos y serios; el Grand Oriental Hotel, donde se hospedo Chejov, que hoy se mantiene a duras penas como un viejo noble con artritis y sordera. Lo que queda de britanico esta hoy amenazado por el apetito inmobiliario insaciable de los chinos y su aficion por el concreto y el lujo de mal gusto.   Interrumpimos nuestra caminata para comer rambutanes, rojos como los buzones de correo, para tomar “king coconut”, amarillos y dulces, para comprar mangos (que de hecho son originarios de India y Sri Lanka y no del patio de nuestra casa en Caracas) y para almorzar el primero de los muchos currys del viaje.   Terminamos en el magico mercado de Pettah en la periferia del Fuerte, o lo que queda de el.  Alli encontramos un antiguo estudio fotografico y decidimos tomarnos una foto los tres con un fondo de palmeras tropicales y cielo azul pintado a mano, un estudio de antano preservado en el tiempo en las callejuelas de Colombo.  El fotografo, estricto y comprometido con su metier, nos hizo entrar en un camerino para que nos peinaramos y nos echaramos talco en la cara, ya acicalados nos coloco frente al fondo tropical en una pose canonica: los pies en posicion triangular, los mentones en alto, nuestras manos sobre el hombro de Harold y la mirada hacia el frente, serios los tres como si estuvieramos pensando en la caida del imperio portugues.   Luego de varios intentos, si nos moviamos un centimetro nos reganaba dandonos una palmada en el hombro o la espalda, tres clicks y tres maravillosas fotos impresas.  Pettah es un laberinto de negocios y vendedores ambulantes, de transeuntes haciendo compras, bullicio, un caos ordenado, milenario; recorriendo el vecindario uno descubre, de una acera a otra, templos hindues recostados de mezquitas coloridas (como Jami Ul-Alfar que parece construida de caramelo), inmensas stupas budistas hombro a hombro con blancas iglesias.


       Caminando por Pettah uno no puede dejar de pensar, como ocurre con frecuencia cuando viajamos, en todas las vidas -tan distintas e igual de reales que la nuestra- que transcurren en paralelo.  Es una reflexion poco original, un lugar comun por supuesto, pero es casi inevitable cuestionarnos, mientras esquivamos los tuk tuks, el punto de vista desde el que vemos todo, la claridad con la que creemos entender nuestra rutina, la comodidad con la que convivimos con nuestras supersticiones, el orden de nuestras prioridades, el ritmo de nuestras mananas y nuestras tardes, cuando nos sirven curry recordamos los colores y sabores de nuestras comidas y lo caprichoso de nuestros gustos, se alertan nuestros sentidos, cuando vemos grupos de amigos en cada rincon de Sri Lanka jugando cricket descubrimos el misterio de nuestros pasatiempos, cuando los escuchamos hablar de su pasado lo comparamos con nuestras nostalgias. Todo ocurre de repente, mientras saltamos un charco de agua y le decimos que no al vendedor de rambutanes, por un instante  nos damos cuenta de que nuestras opiniones son mas fragiles de lo que pensabamos, que nuestros lemas son mas sospechosos, que nuestros catalogos tal vez son mas obsoletos e incompletos de lo que creiamos, que nuestras solidaridades son demasiado automaticas, que nuestras orbitas (y nuestro sistema solar) son menos predecibles de lo que hubieramos querido y nos hicieron creer.


The Ministry of Crab es un restaurante legendario que sirve cangrejos locales que van desde un cuarto de libra al tamano godzilla (https://www.ministryofcrab.com/).   Llegamos puntuales y con hambre y nos sentamos al aire libre en lo que fue el patio del viejo hospital holandes.  El tiempo, que lo cura todo, hace que hoy se entretenga la gente donde antes llegaban agotados los marineros con colera, escorbuto y malaria.  La cena fue estupenda, nosotros, cual miembros insignes del gabinete inaugural de crustaceos, nos dimos un festin.  Aprovechamos para conversar sobre nuestro itinerario.  La isla es relativamente pequena (65,000 m2, o mas o menos el doble del tamano de Holanda) asi que la mejor manera de recorrerla es en carro. Nos hubiera gustado visitar el norte, Jaffna y sus alrededores, o el este y sus playas pero no tenemos suficiente tiempo y tenemos que limitarnos a mucho de lo “tipico”.  Comenzaremos en lo que llaman el Triangulo Cultural en el centro de la isla donde se concentran la mayoria de los monumentos declarados como patrimonio de la humanidad por Unesco, ruinas de lo que fue el maximo esplendor pre-colonial.  De alli subiremos a Kandy (hacia el sur pero en el centro).  La antigua y ultima capital del reino local derrotado por los ingleses en 1815, en un valle protegido por rios y montanas.  El viaje continua hacia arriba en la zona de plantaciones de te, un altiplano templado, el favorito de los ingleses.  Los ultimos tres dias los pasaremos en la costa del sur, en la ciudad amurallada de Galle, joya colonial de la isla, tal vez el mejor ejemplo de una ciudad holandesa fortificada en el mundo.  En total nueve noches y diez largos dias.


    Salimos de nuestra cena y decidimos pasear por la ciudad.  A peticion de Francisco nos tomamos el primero de muchos gin & tonic en la terraza del hotel Kingsbury con vista al mar y al inmenso terreno donde los chinos estan construyendo un mini-Dubai.  Francisco nos inicia en las artes de la ginebra, nos muestra en su telefono el app Ginventory y quedamos todos, hasta el dia de hoy, adictos al agua tonica, la ginebra y el enebro.  Esa noche hablamos boberias felices con cuatro vasos de ginebra Colombo en nuestras manos, entusiasmados con el comienzo del viaje, listos para explorar la isla.




Centro


     Temprano en la manana, las kapputtas haciendo las veces de gallos madrugadores, nos despertamos para desayunar y comenzar la travesia.  Nos espera ya en el hotel nuestro chofer.  Manoj, una version local del Sargento Garcia con estrabismo severo, se presenta con una sonrisa y nos dice que no hay apuro, que podemos comer con calma.  Manoj, como todo el mundo en Sri Lanka, nos responde con ese movimiento de cabeza que es si y no en simultaneo, como si la nuca se hubiera desaflojado de la columna vertebral, un gesto que significa todo y nada al mismo tiempo y que, ese mismo dia y durante todo el viaje, nos descubrimos imitando involuntariamente.   Muy pronto aprendemos que las distancias en kilometros no son muy utiles en Sri Lanka para adivinar en cuanto llegaremos.  Cien kilometros de carretera puede ser seis, cuatro, tres o siete horas.  “Only four hours” nos responde Manoj cuando salimos del hotel, no importa cuanto tiempo falte para llegar a nuestro destino la respuesta siempre comienza con un optimista “only”.  El camino es de un canal de ida y otro de vuelta abarrotado de tuk tuks, motos, camiones y autobuses.   A ambos lados de la carretera una hilera infinita de tiendas, casas, y tarantines de frutas que, como una placa de colesterol, hace la ruta mas estrecha y lenta.  Manoj, con su ojo bueno (que nunca supimos cual era) va concentrado camino a Dambulla.    Llegamos a nuestro hotel un poco despues del mediodia, un edificio inmenso de arquitectura estilo brutalista (algo asi como  un Le Corbusier light) con una maravillosa piscina de 72 metros frente a un lago con las montanas de fondo.  A Fernando y Francisco les recuerda a Cuernavaca, a nosotros al valle de Aragua.  Nos dan nuestras habitaciones (505 y 506), a Francisco le toca la recamara imperial, almorzamos en un buffet infinito y luego de un corto descanso salimos a visitar las antigua y espectacular ciudad de Sigiriya.  



      El Triangulo Cultural queda en el centro del ovalo que es la isla,  curiosa geometria turistica.  En medio de la llanura seca, a la distancia sobre una meseta imponente, altisima, hurana, se yergue la ciudad de Sigiriya, tal vez uno de los mas hermosos campos de batalla que se hayan contruido.  Sigiriya, que tiene el aspecto de una Masada tropical, habita una roca desnuda y solitaria, pulida por la lluvia y el viento.  A sus pies, los restos de los intricados jardines e ingeniosas piscinas que alimentaron y entretuvieron a la corte y los subditos del rey Kaspaya (477-495 DC).  Sigiriya pareciera el lugar perfecto para sobrevivir el sitio de otros ejercitos, para gobernar y disfrutar gobernar, para ver la inmensidad de los dominios (“hasta donde da la vista”) viviendo los lujos de un palacio que estamos obligados a imaginar porque de el hoy solo sobreviven algunas paredes, el trazo de las fundaciones de los edificios y las anecdotas que repiten de memoria los guias de pantorrillas musculosas. La telenovela va asi: Kaspaya abandona Anuradhapura -la primera capital- y contruye Sigiriya despues de usurpar el trono de su padre y encerrarlo (luego lo mata) desafiando el mejor derecho de Moggallana su hermano mayor.  Desde la altura le toca esperar ansioso la inevitable llegada de su hermano vengador.   Subimos la roca con calma, poco a poco por una escalinata estrecha de escalones pequenos de talla medieval, un camino esculpido en la roca que atraviesa arcos de piedra milenarios. Disfrutamos del paisaje mientras tomamos fotos de turistas locales que nos sonrien contentos, algunos luciendo frondosos peinados y otros coloridos atuendos.  Nos advierten que tenemos que cuidarnos de los monos que roban comida y rasgunan, pero nos aclaran, para hacer la situacion mas estresante, que si nos atacan los monos no podemos gritar porque entonces nos atacan los emjambres de avispas que viven en los arboles y que no soportan el ruido.   A medio camino de la cima hay una especie de repisa donde pueden verse frescos de la epoca, dibujos coloridos y bien mantenidos de mujeres voluptuosas flanqueadas de antiguos poemas escritos en la pared a la manera de scrachitti.   El ultimo tramo del ascenso  atraviesa un par de pezunas gigantes que hacen de umbral, lo unico que queda hoy de lo que debio haber sido un leon ciclopeo (los leones, en la bandera de Sri Lanka y en las cervezas, permean el imaginario de la isla, estan en todos lados.  Eso, a pesar de que no hay registro de que haya habido leones en Sri Lanka).  Desde la cima se ve la planicie infinita, los bosques secos y las montanas a la distancia.  Nos asomamos como se habria asomado Kaspaya esperando impaciente la llegada de su hermano.  En el cielo vemos relampagos azules y a lo lejos una pared de lluvia que se acerca y nos obliga a apurar el descenso.   Llegamos abajo justo a tiempo cuando apenas comienza a caer el agua, en el estacionamiento nos espera el confiable Manoj.   Nos ha ido muy bien, mucho mejor que al pobre Kaspaya quien cuentan se suicido en la batalla final contra su hermano al reconocer la inminente derrota.  


    De vuelta al hotel esa noche devoramos el buffet de reyes seguido de unos whiskies en la suite Sigiriya de Francisco nuestro Kaspaya.



   Polonnaruwa es, luego de Anuradhapura, la segunda ciudad mas antigua e importante de los antiguos reinos de Sri Lanka.  Luego de unas dos horas “only” de camino llegamos a las puertas de un modesto museo muy cerca de las ruinas al borde de un enorme lago artificial.  El mas grande logro de ingenieria de las civilizaciones pre-coloniales de Ceylan fue su sofisticado sistema de irrigacion.  Canales y estanques, algunos de decenas de kilometros de largo, que traen agua de las montanas a la zona seca y que aun hoy abastecen las sedientas ciudades y sembradios.   Contratamos un guia, el magnifico Gune, que tiene 78 anos, pocos dientes y la energia de un adolescente.  Todos lo conocen, los guardias, los guias, los vendedores de cocos y postales, es parte, pareciera, de las antiguas ruinas.  Nos explica, en un ingles dificil de entender, cada una de las piezas del poco ventilado pero ambicioso museo que abarca desde el genesis del planeta hasta julio de 2019. Nos recuerda Gune que hubo cuatro invasiones de India en 120 anos; cuatro, nos insiste mostrandonos los dedos de la mano, utilizando una tecnica pedagogica para asegurarse de que no lo olvidaremos.  La mejor manera de visitar las ruinas es en bicicletas porque la antigua ciudad ocupa muchos kilometros de terreno. Gune, el Lance Armstrong de Polonnaruwa, se encarama sobre su bicicleta y nosotros sobre las nuestras (chinas, oxidadas y chillonas) y comenzamos nuestro viaje en el tiempo.   La ciudad fue fundada alrededor del siglo X DC y vivio su breve apogeo durante el siglo XIII.  Luego de su destruccion, recordemos que “cuatro veces fue invadida por los indios”, fue redescubierta en 1820 por arqueologos ingleses.  Polonnaruwa, Anuradhapura y Sigiriya, y su historia tergiversada, han sido apropiadas con fines politicos por sectores de la mayoria cingalesa chauvinista, como fundamento de su narrativa nacionalista, como prueba de la hegemonia budista, de la superioridad de su titulo sobre la isla, como testimonio historico de la falsedad de los reclamos de los tamiles o cualquier otro grupo.  No hay ruinas inocentes.

      Las secciones mas interesantes de la ciudad estan esparcidas por un espacio inmenso.  Fernando, que no puede dejar de comparar Polonnaruwa con Angkor Wat, me dice educadamente que esta ciudad es mas pequenita, que en Cambodia, a diferencia de Sri Lanka, los monjes pasean entre las columnas vestidos de colores y las raices de los arboles se encaraman por las paredes al estilo de los Cazadores del Arca Perdida.  Aun asi, a pesar del calor y de la sombra de Cambodia, disfrutamos de los templos y las stupas que visitamos, de las paredes que sobrevivieron desafiantes las “cuatro invasiones”, disfrutamos las hermosas estatuas de los pocos budas que no desfiguraron los ejercitos del norte, los moonstones con imagenes de elefantes que decoran la entrada de los templos marcando el punto donde debemos dejar los zapatos, la sombra de los arboles abarrotados de monos que nos escoltan mientras bicicleteamos por los senderos de tierra, los ninos elegantemente vestidos que van de paseo con sus colegios, que nos miran curiosos y se esconden cuando tratamos de tomarles fotos.   Ha comenzado entre nosotros una competencia adolescente y encarnizada en Instagram, corremos a robarle las fotos y los likes a los otros, hay que apurarse a conectarnos al wifi mas cercano para subir los postings.  La ultima parada en Polonnaruwa, la mas impresionante de todas, es un trio de budas inmensos y apacibles esculpidos en la roca.  Gune nos explica que es el Buda descansando, no muerto, y que podemos distinguirlo por la sonrisa de la estatua y la posicion de la mano, nos explica tambien que hubo cuatro invasiones en 120 anos, que la mayoria de los Sri Lankeses tienen ojos azules (go figure) y que ya falta poco para que termine la visita y volvamos al estacionamiento donde nos espera el maternal Manoj.


    De Polonnaruwa manejamos tres horas “only” a Kaudulla, un pequeno parque nacional donde Manoj nos asegura se congregan los elefantes en esta epoca del ano.  Cambiamos de la van de Manoj al 4x4 de Raj y nos adentramos en el bosque en busca de animales.  Si bien Sri Lanka no es Africa, los parques nacionales merecen ser visitados.  No tardamos mucho en tropezarnos con el primer elefante y todos nos quedamos hipnotizados.  Ver un animal, sobre todo un elefante, en su espacio natural, fuera de los circos o zoologicos donde estamos acostumbrados a verlos, es siempre una experiencia maravillosa.  Saliendo lentamente de entre los arboles, gris y reseco, comiendo tranquilo, mirandonos por el rabillo de sus minimos ojos, la trompa diestra como una mano oliendonos, atento e ignorandonos al mismo tiempo.  Tomamos mil fotos, lo examinamos con los binoculares, lo vemos con la emocion de unos ninitos.  Un poco mas adelante vemos una mangosta que se escurre entre los arbustos, pavos reales traviesos y, cerca del lago, una logia de bufalos -una mezcla de salvajes con domesticados- que pacen sin sobresalto mientras se revuelcan en el barro rodeados de garzas.  Es alli, a la orilla del inmenso lago, que comienzan a reunirse los grupos de elefantes con el horizonte de fondo al final del dia.  Treinta o cuarenta elefantes y treinta o cuarenta nubes, tierra y cielo, familias enteras compartiendo la brisa fresca de la tarde luego de un caluroso dia a la manera de los habitantes de Colombo hace dos dias en aquella esplanada frente al mar. En otros parques de Sri Lanka puede verse, con algo de suerte, osos, jabalies y leopardos, pero no aqui.  Kaudulla, que no es tan grande, es conocido por sus elefantes.  Mas chiquitos que sus parientes africanos y de orejas pequenas (similares a los de India y el sureste asiatico), quedan en Sri Lanka apenas entre cinco y seis mil elefantes salvajes.  Si bien muchos de ellos estan confinados a reservas y a los corredores que las unen, es comun todavia encontrarlos en los bosques no protegidos.  Ocurre con frecuencia que atraviesan pueblos o caserios recorriendo tercamente las mismas rutas que por siglos han transitado con sus padres y abuelos.  Algunos son domesticados para labores de campo, vimos algunos encadenados caminando con sus mahouts al borde de la carretera, otros son utilizados en ceremonias religiosas budistas como Esala Perahera vestidos de luces con una especie de capucha tipo Ku Klux Klan.  Estos, los de Kaudulla, son afortunados, a primera vista parecen estar tan felices como nosotros.


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      A nuestro regreso al hotel nos detuvimos en el mercado de mayoristas mas grande de la isla.  Un galpon que trabaja las 24 horas del dia, los camiones entran vacios por el frente y van avanzando con lentitud y sin apuro llenandose de vituallas, frutas, verduras, tuberculos y legumbres.  Unas horas despues salen repletos de mercancia que revenden en todo el pais.  En el mercado nos reciben todos, como siempre, con una sonrisa, posando felices para las fotos, invitandonos a probar las sandias y los mangos.  Nos preguntan de donde somos y al escuchar Chile y Venezuela nos miran confundidos, da lo mismo que si les hubieramos dicho que venimos del cinturon de asteroides o de Guinea Ecuatorial.  El techo del galpon es como otro mercado mayorista pero de pajaros.  Bandadas escandalosas que entran y salen las 24 horas del dia, alimentandose de la mercancia que desechan o que cae de los camiones.  Tanto, tanto ruido que, como un tinnitus ornitologico, no nos queda mas que acostumbranos al escandalo e ignorarlo.  Otro buffet de cena esa noche y de nuevo a la suite Sigiriya a tomar un whisky.  


   La manana siguiente llegamos temprano en la manana a Dambulla, el tercer angulo del Triangulo Cultural, un hermoso templo budista construido en un doblez de piedra en lo alto de la montana.  Subiendo una larga escalinata se llega a un complejo de altares y pinturas; las primeras estatuas y frescos datan del siglo I AC, el resto (es dificil de distinguir cual es cual) de los siglos XI, XII y XIX.  Hay que ajustar la vista a la oscuridad al entrar a las varias galerias magicas y multicolores de idolos hacinados y turistas deslumbrados.  En cada cueva hay un ejercito de budas y nobles de todos los tamanos, algunos de pie, otros recostados o sentados en distintas posiciones, todos con la mirada fija en la distancia invitandonos a ver hacia adentro, a meditar en silencio.  Las pinturas casi rupestres que alfombran las paredes siguen el contorno de la piedra repitiendose en preciosos patrones geometricos que hacen las veces de mantras visuales.   Afuera, lirios de agua y mandalas de flores que flotan sobre el agua; caminamos descalzos entre familias locales que vienen a hacer ofrendas y que posan contentos para nuestros seguidores de Instagram.  El lugar es pequeno, lo visitamos sin apuro, lo disfrutamos con calma.  Bajamos a media manana acompanados por una preciosa vista del paisaje que rodea la montana, Dambulla tiene una ubicacion privilegiada.    Vamos rumbo a Kandy, la ultima capital de Ceylan y la ciudad natal de Manoj.



Centro (y poco hacia el sur y mas arriba)


   La vegetacion va cambiando poco a poco a medida que vamos subiendo.  La carretera esta igual de congestionada pero a los lados comienza a verse, de manera intermitente, bosques tupidos de arboles inmensos.  En el camino nos detenemos en una granja de especies, la emblematica trampa de turistas, para aprender sobre los atributos del turmeric, el cardamomo, la pimienta, la savila y la canela.  Nos recibe un experto que nos pasea por un jardin del eden donde crecen todas las plantas medicinales del planeta; tenemos la oportunidad -unica en nuestra vida- de curar de un golpe la tension arterial, la psoriasis, de blanquear nuestras dentaduras, de acabar con el colesterol, de detener la calvicie, de relanzar nuestra vida sexual y, Henry y yo, de adelgazar 20 kilos en 20 dias.  Nuestro shaman nos va mostrando plantas mientras nosotros, cual colegiales, vamos adivinando que especie es y para cual dolencia sirve. Henry es el mas aplicado.  Y pensar que a Pizarro, Magallanes, Marco Polo y todos los temerarios navegantes, en vez de hacer esas largas travesias les hubiera bastado con visitar esta granja al borde de la carretera para llenar las bodegas de sus carabelas y bergantines y hacerse ricos.  Casi al terminar el tour nos sientan bajo un techito y totalmente desprevenidos vemos caer de los arboles cuatro masajistas ninja.  Nos hacen quitar las camisas, nos embadurnan de aceite y nos dan un masaje de cuello, cabeza y espalda.  Cerramos los ojos mas que para descansar para no ver a los otros.


 Descontracturados nos llevan cual corderos a la tienda.  Tenemos muchisima suerte porque justo ese dia -y solo ese dia- hay un descuento de 20%.  Nos cuentan que olas de holandeses y alemanes vienen a hacer compras en estos meses.  La tienda esta vacia, de hecho prenden las luces cuando entramos.  Dos de nosotros hacen compras nerviosas aprovechando la maravillosa oferta, solo dos de nosotros tendran los dientes relucientes en las fotos del viaje.    


     Kandy es una ciudad con aire aristocratico y colonial.  Impresiona cuando uno la ve por primera vez desde el mirador bajando el valle.  Por cientos de anos portugueses, holandeses e ingleses trataron sin exito de conquistarla.  Cada expedicion, y hubo varias, fue masacrada con crueldad por los Kandyenses (que ojala ese sea el gentilicio). Los sobrevivientes eran apresados y retenidos por anos como mascotas del rey, un zoologico humano para entretenimiento de la corte.   Robert Knox, probablemente el mas celebre rehen y uno de los pocos que se salvo para contarlo, fue prisionero de Rajasimha II por 19 anos hacia el final del siglo XVII.  Desde lo alto del camino se ve, rodeado de un paisaje verde, el lago que bordea el complejo real y el templo del diente (el mas importante de Sri Lanka donde se guarda la reliquia del diente de Buda).  Esta prohibido nadar o pescar en el lago, hay millones de peces asomados en la orillas haciendole trompetillas a los locales.  Nuestro hotel, el Queen’s Hotel, es el mas viejo de la ciudad pero no el mejor mantenido.  Pertenece a esa estirpe de hoteles coloniales ingleses, primo por ejemplo del Victoria Falls Hotel en Zimbabwe, que evocan el apogeo del imperio.  El Queen’s Hotel tiene un bar, siempre vacio, con fotografias de las visitas de Lord Mountbatten el ultimo virrey de India; hay una piscina, siempre vacia, con dos empleados atentos esperando impacientes -toalla en mano- la llegada de algun turista acalorado.  Las llaves de las habitaciones son de metal inmensas, el ascensor el original con una reja metalica dorada que hay que abrir y cerrar a mano, los pasillos de triple altura y suelos que rechinan como el set de una pelicula de Agatha Christie.  Las recamaras, todas con una altisima puerta de madera, huelen a siglo XIX.  En el medio del techo hay un viejo ventilador que chirria como una kapputta quejumbrosa, en el bano hay un cartelito que pide no mojar el suelo, las camas se hunden, el suelo esta alfombrado de fieltro (el nuestro tiene la huella, que parece un fosil, de una plancha caliente).  El Queen’s hotel se mantiene orgulloso, jorobado, vestido con ropa de gala dos tallas mas grandes, manchada y arrugada, tratando de no verse en el espejo.   No sabe ni quiere que le digan que Ceylan se llama ahora Sri Lanka.  La ubicacion, sin embargo, es inmejorable.  El Templo del Diente queda al cruzar la calle.  La primera ceremonia del dia es a las 5.30 de la manana, nosotros y todos los cuervos de Kandy -los adorables kapputta- estamos despiertos desde las 3 asi que no tenemos problema en llegar de primeros a la cola.  Casi no hay turistas a esa hora.  Llegan cientos de locales vestidos de blanco cargando ofrendas de flores y algo de arroz.  Caminamos con ellos en silencio, aun no sale el sol, esperando descalzos que abran la puerta principal.  Se siente el fervor religioso, cada uno con un deseo que pedir, con una ilusion que alimentar, respetuosos de las costumbres, con el placer que se siente cuando recordamos a nuestros padres y abuelos, con la paz que transmite la verdad revelada, el analgesico de la vida reglada y la sabiduria de los iniciados.  Una musica de tambores y trompetas anuncia el comienzo del servicio, la cola comienza a avanzar lentamente y vemos el patio del templo adornado de colores.  Subimos otra escalera y llegamos al recinto donde se guarda el diente.  Por media hora nada mas los feligreses van pasando por una ventana desde la que se ve el relicario, alli entregan las ofrendas a un sacerdote vestido de rojo.  Los tambores de fondo marcan el avance de la cadena de piadosos.  Nos llevan a ver otras dos salas con pinturas que relatan la vida de Siddhartha Gautama y su transito a la ilustracion, regalos de otros paises budistas, colmillos de elefante, telas coloridas e incienso.  El mar de gente vestida de blanco se va dispersando al compas de las campanas que marcan el final de la ceremonia, salimos a pasear alrededor del edificio principal justo cuando sale el sol.



    A las seis y media de la manana nos vamos a visitar el mercado de Kandy.  En Sri Lanka, a diferencia de muchos otros paises, los mercados comienzan tarde.  Cuando llegamos apenas estan abriendo algunos de los locales, se estan despabilando, la mayoria estan cerrados.  Comenzamos por el sector de pescados; caballas, pulpos, calamares y sardinas que van llegando del sur y del este; escamas, agallas, ojos, sangre seca, aletas, moscas, el brillo de la espalda de los atunes y un olor acre a mar, sudor y sal.   Por un pasillo llegamos a la seccion de frutas y vegetales, mangos, rambutanes, durians, cocos, sandias, melones, bananas y exquisitos mangostanes (que cuestan por una razon desconocida como si estuvieran reservados para el rey de Kandy).  Uno de los vendedores, un sordomudo encantador y fotogenico, posa frente a sus pinas y nos pide, con gestos, que le mandemos la foto por correo (la que yo le tome, por supuesto, que es infinitamente superior a la de Francisco).  Me fascinan las paredes del mercado, descoloridas, con sus calendarios viejos torcidos y  estampitas religiosas, la luz que se escurre entre las sombras, el yeso descascarado y las ancianas manchas de quien sabe que.   Terminamos el paseo tomando desayuno en Buono Banana, un café de mochileros en el segundo piso de un edificio que Yelp recomienda.  En el bien rankeado Buono Banana hay wifi veloz, capuccino con espuma y una guitarra para los espontaneos.  Fernando da un concierto a las 7.30 de la manana, la dulce melodia ayuda a los baristas a sobreponerse del abuso verbal de un otro cliente que grita de espaldas: “Coffee now!” cual Lord adicto a la cafeina.



      Esa tarde Manoj nos cuenta de sus travesuras de adolescente, nos confiesa que en sus mocedades cortejaba a sus novias llevandolas al Jardin Botanico de la ciudad.  Para alla vamos.  El Jardin Botanico de Kandy se fundo oficialmente en 1843 en un terreno que habia funcionado como parque de la realeza desde el siglo XIV.  Son casi sesenta hectareas de arboles impresionantes, un verdadero espectaculo natural.  Al centro del jardin de Peradeniya, que asi se llama, hay una plaza de cesped rodeada de decenas especies  sembradas por dignatarios del mundo entero; el Zar Nicolas de Rusia y su primo hermano el rey Jorge V, entre muchos otros. El Jardin sirvio tambien por unos anos de cuartel general de los aliados en el sureste durante la segunda guerra mundial, Lord Mounbatten meditabundo escondido entre bromelias, ficus y pinos temeroso de los aguerridos japoneses.  Las dimensiones de los arboles, la altura, el grosor de los troncos, lo frondosos que son, nos dejan boquiabiertos.  El mas famoso es un arbol de higo de Java cuyas raices y ramas cubren mas de mil seiscientos metros cuadrados, es tan grande la copa, que en algunas partes han tenido que sostenerla con columnas.  Lo mas impresionante del jardin, sin embargo, es que los arboles no son lo mas impresionante.  Lo mas impresionante son las colonias de murcielagos (zorros voladores o flying foxes) que habitan los topes de los arboles.  Son mas de venticinco mil murcielagos inmensos con cara de cachorros de perro (no son ciegos) que viven colgados de las ramas espiando a las venticinco mil parejitas que, como Manoj en sus anos tiernos, se esconden entre la vegetacion para acariciarse.  Caminamos por una avenida ancha bordeada de palmas reales, nos subimos a un puente de suspension sobre un rio (silbamos la musica del Puente sobre el rio Kwai que de hecho se filmo en Sri Lanka), nos quedamos deslumbrados con los bambues de Burma, los mas grandes que jamas hayamos visto, con las prehistoricas araucarias brasileras que adornan el patio del restaurante donde almorzamos.  Una tarde de lujo (https://youtu.be/_CnanFwggsQ).


  Un viaje a Sri Lanka no puede estar completo sin una experiencia ayurvedica asi que le pedimos a Manoj que nos lleve al mejor lugar de masajes de la isla.  Llegamos a una casa en un vecindario residencial de Kandy, nos atiende un amable recepcionista y reservamos el paquete superior que incluye dos horas y media de masaje con bano de vapor.  Nos dan una telita bastante precaria para cubrirnos y nos separan en dos grupos, hermanos con hermanos en cada cuarto.  Llegan dos senoras que solo hablan cingales, una para cada uno, y comienzan a untarnos en cremas cuyos ingredientes son imposible de adivinar. Mascaras y scrubs entre masaje y masaje, dormimos intermitentemente arrullados por el sonido del monzon que inunda la ciudad.  De repente, nos cuelgan justo sobre la cabeza un cucurucho de plastico relleno de un liquido verde espeso.  Comienza a caer sobre nuestras frentes con movimientos elipticos un chorro caliente con olor a esparrago.  Henry queda hipnotizado y cae en sueno profundo, yo me quedo viendolo de reojo sorprendido de los efectos de la pocion sobre el (puede ser tambien que nos habiamos despertado a las tres de la manana).   Veo, tambien de reojo, que la senora recoge en un recipiente el smoothie de esparrago que se va escurriendo de la cabeza de mi hermano, me temo que ya lo usaron antes y que lo volveran a utilizar.  El siguiente paso, ya vencido el pudor y descartada la telita, es una cama de madera de vapor que parece un aparato de tortura de los tiempos del reino de Kandy.  La cama se cierra sobre uno quedando solo la cabeza afuera, abajo brasas muy calientes que ellas soplan para avivar, me dejan solo en el cuarto.  El calor es tan fuerte que uno tiene que arquear la espalda para no quemarse, no es facil mantener esa posicion por un rato largo y no hay a quien llamar para pedir ayuda.  Estoicismo, ejercicio core, meditacion, son las unicas opciones mientras esperamos el regreso de Torquemada.  Finalmente, ya con el coxis en alto grado de coccion y listo yo para firmar la confesion que sea, me rescatan.  Me saca de la cama de vapor y me mete en una banera no muy grande a darme un bano con unas acelgas.  Parece una ceremonia de santeria, un exorcismo srilankes con olor a hinojo.  Para terminar me dan un jabon minusculo y me muestran donde esta la ducha.  Me seco, me visto y salgo a encontrarme con los otros miembros de la, ahora si, desestresada hermandad.



        La zona montanosa, nuestro proximo destino, es muy distinta al resto del pais.  Mientras la mayor parte de la isla es de clima caluroso tropical, en las montanas del centro, la parte mas alta, siempre es primavera.  Los ingleses, atraidos por los paisajes y las bajas temperaturas, desarrollaron el potencial economico de la zona que hasta mediados  del siglo XIX habia estado muy poco poblada.  Los bosques que originalmente cubrian las montanas fueron cortados hace ya muchos anos, primero para sembrar café (que desaparecio por un hongo en 1860) y luego, gracias a Lipton y sus secuaces, para los cultivos de te que hasta el dia de hoy se extienden hasta donde da la vista y que se han convertido en sinonimo de Sri Lanka. Son oceanos de plantaciones de distintas tonalidades de verde entrecruzados por senderos por los que van las miles de senoras tamiles que ganan cuatro dolares recogiendo veinte kilos de hojas al dia. Ante la resistencia de la poblacion local de trabajar en condiciones de cuasi-esclavitud, los britanicos optaron por traer mano de obra del sur de la India de poblaciones muy pobres de castas bajas.  Hasta el dia de hoy los “Tamiles del te”, aun cuando son mas de un millon y tienen en el pais mas de 150 anos, siguen siendo discriminados social y politicamente no solo por los cingaleses sino tambien por sus primos los tamiles del norte.


     Hace mucho tiempo que reservamos asientos en el tren que va desde Nuwara Eliya a Ella, uno de los recorridos de tren mas hermosos del mundo.  Salimos de una pequena vieja estacion detenida en el tiempo.  Todos los funcionarios, desde los policias hasta el jefe de la plaza, estan vestidos impecablemente y toman sus responsabilidades muy en serio.  Eso a pesar de que el tren promedia unos 15 kilometros por hora de velocidad y que los vagones y la locomotora tienen mas de 80 anos.  Esperamos en el anden emocionados.  Los libros de viaje han corrido la voz sobre el paseo por lo que es indispensable comprar boletos con anticipacion.  Llega el tren, todos a bordo.  Los tickets son revisados varias veces, solo hay cupo para quienes tienen reservacion.  Nos sentamos en nuestros puestos y no tarda en llegar un empleado que nos dice que, como una gran excepcion y si le damos una propina, puede dejarnos sentar en la puerta entre vagones desde hay una mejor vista.  Nos llama, lo seguimos, y resulta que tenemos que tomar turnos porque el servicio exclusivo ha sido ofrecido a todos los pasajeros del tren.  Las vistas son en realidad maravillosas, el tren va subiendo lentamente por una cordillera, a los lados cascadas de agua, valles verdes, plantaciones de te y tuneles intermitentes que recuerdan las peliculas de antano. Al poco rato, ya claras las reglas, todo el mundo tiene las piernas colgando fuera del tren, la gente se saluda de vagon a vagon, se guindan de las puertas, el tren va tan lento que es dificil tener miedo o caerse.  Dos horas y media hasta la estacion de Ella donde nos espera el sinigual Manoj.  Nuestro hotel, Secret Ella, queda alto en la montana en una vieja plantacion de te.  Las vistas son inigualables, especialmente desde la piscina y el patio donde tomamos el te de bienvenida.  Muy cerca, a una media hora a pie, esta el fotogenico puente de los nueve arcos donde todos los dias se reune la gente a ver pasar el tren.  A las 5.40 de la tarde pasa el proximo, nos da tiempo.  Bajamos por un camino de tierra hasta un punto desde el que podemos tomar buenas fotos.  Escuchamos el pito y nos preparamos, inmortalizamos el momento y bajamos al puente a tomar y comer los mejores cocos del viaje.  De alli nos dicen que es una corta caminata al pueblo por la via del tren.  Le decimos que no con arrogancia a los tuk tuks y nos lanzamos a caminar.  Pasamos un primer puente, vemos a un pequeno grupo de gente que nos dice – o parece decirnos con el gesto ambiguo de la cabeza dislocada- que vamos por buen camino.  Seguimos caminando por el riel, ya no hay mas gente a quien preguntar, comienza a oscurecer, seguimos caminando, termina de oscurecer, estamos agradecidos de que hay luna llena y de que nos queda algo de pila en los celulares que hacen de linterna.  Caminamos, comenzamos a reirnos con algo de nerviosismo, Francisco esta vestido elegante con un sweater en la mano, apuramos el paso y comenzamos a sudar, seguimos caminando buscando luces en la distancia, la caminata se hace larga.  Finalmente vemos las luces de la estacion de tren de Ella, estamos a salvo.  Para celebrarlo nos metemos en un bar jamaiquino a tomar unas cervezas.  Nos echamos en unos sofas a reponernos, contentos de que la hermandad fue lo suficientemente solida como para sobrevivir con tanto aplomo la osada aventura nocturna.



     Nos despertamos temprano al dia siguiente llenos de energia preparados para el ascenso a Ella Rock, un promontorio de piedra en la cima de una montana que queda a unas pocas millas de nuestro hotel.  El hike comienza -de nuevo- por la via del tren, se cruzan dos puentes y luego se toma a la izquierda donde hay una pequena catarata.  Es dificil encontrar el sendero pero tenemos suerte, al poco rato nos encontramos con el providencial Punchibanda, un campesino carnetizado que nos ofrece sus servicios de guia hasta la cumbre.  Punchibanda va descalzo, nos dice que dejara sus vacas para acompanarnos, tiene 62 anos pero parece de 82 con pulmones y piernas de 22.  La subida es hermosa a traves de bosques de eucaliptos altisimos. En el camino nos encontramos dos catalanas venidas a menos, una belga que habia perdido a su hermano -luego lo encontro- y grupos de israelies en buena forma.  Punchibanda, que tiene las orejas mas peludas del subcontinente, conoce muy bien la ruta, nos lleva por un atajo menos transitado hasta una roca que la mayoria de los turistas no visitan desde donde las vistas son espectaculares.  Alli, en la cima, comienza la conversacion sobre sus honorarios.  Punchibanda se luce negociando y termina feliz.  Bajamos rapido para que pueda volver a atender a sus vacas, el paseo nos toma unas cuatro horas en total.  La tarde libre por decreto para descansar los musculos y tomar una siesta.


Sur


     El ultimo tramo del viaje nos lleva a la costa del sur.  En el camino visitamos otro parque nacional, Udawalawe, hogar de alrededor de quinientos elefantes.   Esta vez hacemos el paseo en la manana que es peor que el de la tarde para ver animales porque con el calor del dia se alejan del camino buscando sombra.  Aun asi, vemos varios elefantes muy de cerca, cocodrilos asolandose a la orilla de un lago inmenso que como si fuera una extrana forma de acupuntura, esta lleno de troncos de arboles secos.  Tuvimos algo de suerte al final con una pequena manada de chitales (ciervos manchados), un macho con una cornamenta inmensa rodeado de hembras y sus crias.  Hacemos el trasbordo del jeep a la van de Manoj y seguimos hacia el sur a Polhena, una playa en donde -segun la belga perdida- podemos nadar con tortugas.  La carretera es aun mas estrecha que la anterior y los paisajes son espectaculares.  A ambos lados hay sembradios de arroz y miles de cocoteros, el clima es caliente.  En esta epoca del ano es la temporada de monzones en el sur.  El cielo cambia de color cada hora, la lluvia va y viene, no vienen muchos turistas por estas fechas.  Llegamos a Polhena, nos ponemos nuestros trajes de bano y corremos a la playa.  No es lo que la belga nos habia prometido, el color de las playa es marron oscuro, las corrientes del agua muy fuertes, las olas inmensas, las tortugas se fueron hace dias a las islas Maldivas.  Igual nos metemos cerca de la orilla, tenemos que nadar a como de lugar en el Oceano Indico,  nos banamos un rato cuidandonos de no ir muy profundo.  Manoj nos cuida con su mirada esteroscopica.


     La carretera del sur hila una serie de pueblos y ciudades no muy agraciadas. Matara, una mas grandes, es una ciudad comercial caotica, nada pintoresca con mucho trafico y un pasado oscuro.  En una pared de una casa abandonada vemos un afiche con la esfigie del Che, un vestigio de un capitulo sangriento e inverosimil de la historia del pais.  Al comienzo de los anos 70, un grupo de jovenes fundaron el Frente de Liberacion del Pueblo (JVP en las siglas locales) de inspiracion marxista, en particular del Che Guevara, que buscaba recrear la revolucion cubana en Sri Lanka.  A mediados de los 80, Rohana Wijeweera comenzo a predicar una vision mas extremista, una sociedad pre-colonial (antitamil) totalitaria; no mas plantaciones de te, ningun edificio de mas de dos pisos, simplicidad ascetica, odio a los ricos.  Como ocurrio con la guerra civil del norte, tanto el JVP como el gobierno cometieron atrocidades inimaginables.  Asesinatos, miles de asesinatos sangrientos, de civiles, politicos y academicos.  Las “zonas liberadas” del sur declararon, como el Khmer Rouge, que la historia comenzaba de nuevo, las fabricas y los hoteles cerraron, se abolieron los impuestos, se prohibio leer periodicos oficiales so pena de muerte.  El gobierno central reacciono con fuerza. En un anticipo de lo que seria anos despues la ofensiva contra los Tamiles en el norte, el ejercito comenzo una campana cuyo slogan fue: “doce ojos por ojo”.  Escuadrones del gobierno liquidaron a miles de simpatizantes de la guerilla.  Finalmente, en noviembre de 1989, en un anticipo de lo que ocurrio con el lider tamil Vellupilai Prabhakaram en el norte, el Che Wijeweera aparecio muerto de un disparo en el hoyo 8 de un campo de golf en Colombo.    De Matara es una hora “only” mas de camino hasta Galle, una magica ciudad amurallada donde pasariamos las ultimas dos noches de nuestro viaje.  Fundada por los portugueses en el siglo XVI, de cuyo periodo queda poco, la ciudad fue controlada por los holandeses de 1640 hasta 1796 cuando la pierden frente a los ingleses.   La imponente fortificacion rodea por completo la antigua ciudad protegiendo antiguas iglesias, guarniciones, colegios, tiendas de antiguedades, los viejos almacenes de especies, los juzgados, y los nuevos hoteles y restaurantes, un intrincado laberinto de casonas (unas 400) donde la poblacion mayoritariamente musulmana convive con europeos cansados de Europa.  Nos quedamos en un hermoso hotel de trece habitaciones, una antigua casona colonial reconstruida con el mejor gusto que queda a media cuadra de las dos iglesias mas importantes del pueblo, una Anglicana y la otra Protestante, y la antigua casa del gobernador (hoy el hotel Aman).  Galle no solo nos gusta a nosotros; las estrechas calles de la ciudad amurallada estan todas llenas, casi que a toda hora, de novios con sus cortejos, todos vestidos de luces al estilo del reino de Kandy haciendo sesiones de fotos.  Caminamos por la muralla empujados por el viento de julio que amenaza con hacernos volar como cometas.  En unos de los vertices de la ciudad hay un faro, decorativo hoy, que construyeron los ingleses para dirigir a los barcos que anclaban en la bahia.  El mar esta picado, las olas son inmensas, el monzon arrecia.  Leemos en las noticias de un barco que se hundio el dia antes no lejos de donde estamos, en medio de nuestra caminata comienza a llover y terminamos refugiandonos en una caseta en al muralla con tres lugarenos sin ingles.  Tienen una guitarra pero no logramos convencerlos de que toquen o se la presten a Fernando.   Galle, a diferencia de otras ciudades turisticas, sigue teniendo vida independiente del turismo y los turistas.  Hay colegios con ninos que van y vienen, tribunales con abogados, testigos y acusados, mezquitas con almuedanos puntuales que llaman a rezar, carnicerias, vendedores ambulantes y notarias.  Henry y Fernando se despertaron temprano, un poco antes que la ciudad, para ver salir el sol y espiar a los locales mientras se despabilan, para ver los quehaceres de la primera manana, la llegada de los comerciantes y los policias, el comienzo del dia.   Despues del desayuno nos vamos al mercado a fotografiar la pesca del dia.   Tomamos un par de tuk tuks que nos dejan al borde de la playa donde en una hilera de tarantines de madera exponen los pulpos y camarones, atunes y cangrejos, que anoche tuvieron mala suerte.  La mayoria de los clientes son locales, de repente llega un italiano tatuado en su moto a hacer la compra del dia, ve la mercancia con ojo clinico, le preguntamos cual es su restaurante para visitarlo al almuerzo.  El monzon es intermitente asi que nos arriesgamos a ir a la playa.  Manoj nos deja en Unawatuna, una bahia muy cerca del mercado y de la ciudad antigua.  El dia de repente se esclarece, se abre un agujero de sol en el cielo y tenemos unas horas perfectas de playa.  Somos los unicos turistas asi que tenemos que conversar con todos los vendedores de frutas, telas, marionetas, cervezas y artesania.  A casi todos les compramos, a todos menos al de las marionetas.  Todos nos cuentan historias del terrible tsunami de 2004 que a las 9.30 de la manana los tomo a todos por sorpresa, no existe en tamil o singales una palabra para decir tsunami.  Entre treinta y cuarenta mil personas murieron esa manana, esposas, padres, hijos y hermanos de los vendedores que tratan de convencernos, las anecdotas se han convertido -tristemente- en parte de la estrategia de venta.  Nadamos mas de una hora en el mar y luego nos sentamos en las tumbonas del bueno de Sanath que nos trae cervezas frias de las grandes.  Justo cuando el monzon se despierta de la siesta llamamos a Manoj para que nos lleve de vuelta a nuestro hotel.  Esa tarde tenemos una caminata con Sanjeit por la ciudad vieja, un guia que me recomendo una guia que recomienda el libro.  Sanjeit parece un hipster de Brooklyn, tiene una barba larga y un sombrero de paja, lentes de sol y, segun el, algo de jetlag porque acaba de volver de un largo viaje. La simpatia de Sanjeit tiene algo de pose, de artificio, su sentido del humor no cuaja del todo. Cuando le hacemos preguntas de temas espinosos, la relacion entre tamiles y cingaleses, nos responde con una suerte de kumbaya, Sri Lanka es un paraiso etnico.  Segun Sanjeit, tamiles y cingaleses, budistas, hindues, musulmanes y cristianos conviven en absoluta armonia. Aun con los pocos dias que llevamos en el pais y lo superficial de nuestra visita, sabemos que la respuesta no es tan simple -ni tan paradisiaca- como Sanjeit quiere hacernos creer.   Recorremos con el, esta vez con algo mas de metodo, las murallas y las calles de Galle, nos muestra que secciones sobreviven de la epoca de los portugueses y cuales fueron anadidas por los ingleses, nos muestra la plaza donde estan los juzgados frente a un majestuoso Banyan cuyas inmensas raices son probablemente mucho menos enrevesadas que el codigo de procedimiento civil de Sri Lanka.  Volvemos a tropezarnos con los cortejos de boda y sus fotografos, Sanjeit nos advierte acerca de los riesgos del matrimonio; nos advierte tambien acerca de los restaurantes donde “ambiance is good but food is shit”; nos muestra algunos terrenos y casas abandonadas dentro de la ciudad amurallada por las cuales para comenzar a negociar, tal vez Sanjeit es broker, “hay que ofrecer por lo menos diez millones de dolares.”   Nos deja en nuestro hotel con ganas de sentarse a tomar un trago, nosotros no tanto.  Aprovechamos la confusion del puntual monzon para despedirnos de lejos y correr a nuestra habitacion a refugiarnos.   Esa noche, la ultima de Fernando y Francisco, vamos a Fort Printers, uno de los restaurantes de los que Sanjeit categoriza como de “good ambiance and shit food”.  Por suerte la comida es buena, buena pero picante.  Nuestros amigos estan rojos y sudan, en la mesa los pocillos del ultimo curry que no quiere quedar en el olvido.


  Siempre es asi, al principio cuando uno se va de viaje el tiempo pasa muy lento pero luego todo se acelera y – justo cuando mas nos divertimos- tenemos que despedirnos.  Fernando y Francisco deben comenzar su largo periplo de vuelta a Chile, Henry sale en dos dias a India por tres semanas mas, yo vuelvo a Nueva York al dia siguiente.   Curiosamente, viajar dos parejas de hermanos hermana.  Hay algo dificil de describir del codigo silencioso de hermanos que hace que fluya la rutina, las conversaciones, el dia a dia.  La complicidad se contagia y se amplifica, al recuerdo de tantos recuerdos sumamos los recuerdos de este maravilloso viaje.  Llega Manoj, el puntual, y ellos se montan en la van azul.  Mientras los veo alejarse pienso que no importa cuanto hayamos crecido -o cuanto pareciera a veces que se confunden los roles- yo sigo y seguire siendo el hermanito chiquito de Henry y Francisco el de Fernando. Ojala nos veamos pronto.








 
 
 

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Señor Grumberto

Soy adicto al chocolate, los viajes y reir sin parar. Adoro a mi cubana y nuestros hijos, a Camila mi primogénita, fiel amigo, amigo de mi hermano. Soy glotón y devoro páginas. Vivo cada día como el primero de mi vida!

 

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