De plazas y otras sorpresas al borde del mar
- henrygru0
- Apr 6, 2021
- 3 min read
Updated: Apr 9, 2021
En Miraflores, allí donde de repente se acaba Lima y comienza el Pacífico, hay un malecón que bordea el precipicio y se asoma al mar. Salgo a correrlo en la mañana sin saber donde se termina, disfrutando del paisaje lunar de esta ciudad donde cualquier llovizna es un diluvio, contento de que hoy no hay bruma ni apuro en Lima. El malecón es una suerte de serpiente, un paseo de curvas adornado con jardines cuidados por tropas de trabajadores en uniformes,la gente que corre -o muchos de ellos- probablemente terminan tomando un Latte Grande Spumatto en el Starbucks más cercano. En mi camino me tropiezo con pequeñas plazas y monumentos dedicados a batallas, próceres y otros ciudadanos (uno de ellos a la virgen) una lección a la carrera de historia peruana; yo sudado y algo distraido llego a un recoveco cerca del estadio municipal donde el camino se convierte en una calle ciega con un busto dorado refulgente sobre un pedestal. Sin pararme del todo le doy una vuelta y leo: "A Carlos Alberto Izaguirre Alzamora", le doy otra vuelta y leo "gestor del dia de la madre en Perú". La del bueno de Carlos Alberto tiene que ser la mas simpatica de todas las plazas, me pongo a pensar en la que debió haber sido su cruzada incansable contra los hijos menos agradecidos, la emoción de Carlos Alberto cuando se enteró que el segundo domingo de mayo siempre caería domingo, el orgullo de su mamá y su abuela cuando se enteraron de que le dedicaron un busto dorado al borde del mar, las preguntas que se deben hacer los psicoanalistas corredores que se tropiezan, como yo, con el busto de oro al Edipo peruano. Otra vuelta a la estatua, me memorizo el nombre de Don Izaguirre para poder googlearlo y corro de vuelta al hotel. De allí salgo para Polvos Azules (prueben el link en la foto del costado), la Somalia de la propiedad intelectual, un mercado inmenso -infinito- donde por algo más de un dólar (antes del regateo) pueden comprarse casi todas las películas del mundo, una suerte de biblioteca de Alejandría en los Andes, carpetas y carpetas de películas imposibles de conseguir, documentales que alguna vez vi en festivales o en algún cine autista, pasillos y pasillos de las películas que acaban de salir (y tal vez de las que están por salir), uno nombra un título y a la respuesta de "ya pues" sale el vendedor corriendo a conseguirla en el laberinto de tienditas, al rato vuelven con la película en la mano listos los search engines humanos para salir a conseguir la próxima. El almuerzo en La Mar con mi amigo Ariel, mi vecino/hermano de puerta a puerta en Caracas; pido y me como todo el cebiche del mundo (mientras pienso en el que pediré mañana), una buena conversa como ocurre siempre que nos vemos, hablamos sin parar de anteayer, hoy y pasado mañana. La tarde para pasear calmados y hacer digestión, para prepararme para la cita a las 8.30 en el restaurante La Gloria -valga la redundancia- mi lugar favorito en Lima, la chita, el pisco, el pato, el pulpo.....estoy seguro que mañana si corro un poquito más lejos por el malecón de Miraflores tengo que tropezarme con el busto del ilustre señor a quien se le ocurrió "gestar" la fundación de este maravilloso restaurante.





Comments