top of page

Con mi sobrino (y un cóndor) al pie del Cañón del Colca

  • henrygru0
  • Apr 6, 2021
  • 5 min read

Updated: Apr 9, 2021


ree

Una féliz y extraña casualidad que ese viernes de noviembre hayamos coincidido en un restaurante chino en Lima, quien iba a imaginarselo, Nadav (mi sobrino mayor), Dan Wohlstein (mi amigo desde los cinco años), Ariel Segal (mi vecino en Caracas, mi veci-hermano) y yo. Los cuatro, y con nosotros tantos recuerdos de nuestros años mozos entre arroz mixto especial, pato pekinés/limeño, camarones en salsa agridulce y pollo al limon (que pidio Ariel). Los cuatro, hambrientos y algo nostálgicos, intercambiando viejas anécdotas, como si nuestra mesa estuviera suspendida en el tiempo, sostenida en el aire por nuestras risas y el músculo de nuestra memoria. Los cuatro, que probablemente nunca habíamos estado juntos, tan cercanos, tan a gusto, tan contentos, en el Dragón Verde de Lima. Azares del exilio.

A la mañana siguiente, o mejor dicho esa misma noche, salíamos Nadav y yo hacia Arequipa y de allí al Canon del Colca que con más de 3100 metros de profundidad es el segundo más profundo del mundo (el de Cotahuasi, también en Perú, es apenas unos 150 metros más profundo). Ambos son casi dos veces más profundos que el (no tan) Gran Cañón del Colorado. Aterrizamos en Arequipa a las 5 de la mañana, el Volcán Misti al fondo, y luego de negociar con Richard Salas (ningún parentesco con Jorge y Guillermo) nos enrumbamos a Chivay tres horas montana adentro.




Le pedimos a Richard que manejara lo más lento posible, sin apuro, poco a poco por la carretera que atraviesa la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca, un paisaje espectacular de picos nevados, vicuñas, pocos vecinos, flamingos y cielos despejados. Cada tanto un rebaño de llamas y alpacas, algunas lagunas con pájaros sedientos, el horizonte limpio y al fondo -como colmillos gastados- un puñado de montañas nevadas donde los incas enterraban sus sacrificios humanos. Las historias de Richard fueron haciéndose más creativas a medida que ganábamos altura. Al comienzo se limitaba a nombrar los pueblos que pasábamos "Ese es Yura, donde hacen el cemento" o " allí hacen La Escocesa, la mejor bebida del Perú", menos de una hora más tarde las historias se hicieron más interesantes :"En el Titicaca hay unas ranas que, con las patas estiradas, son del tamaño de este carro" o "hay una iglesia que tiene un pasadizo secreto que va de Puno al Cuzco y que está lleno de Incas, eso lo comprobó un señor que se perdió en el túnel por varios meses". Nadav y yo seguíamos atentos al paisaje mientras nos imaginabamos las ranas Chevrolet, la de las patas estiradas, y la barba larga larguísima del señor del túnel.




Pasamos el pequeño pueblo de Chivay con su plaza y su iglesia y llegamos por un camino de tierra al Colca Lodge http://www.colca-lodge.com/, un bellisimo hotel al fondo del canon en el codo del río. Luego de un buen almuerzo, combatiendo las ganas de hacer siesta, decidimos hacer una caminata maravillosa hasta el pueblo de Ichupampa (nuestro destino era otro pero, algo perdidos, allí llegamos, a la plaza de Ichupampa). Vacas, ovejas, pajaros, terrazas de todos los verdes hasta donde alcanza la vista, paisajes hermosísimos y muchísimo sol. En Ichupampa, cerca de la plaza, una señora mayor nos dio lo que creemos fue una bendición (para el proximo viaje hay que comprar el Rosetta Stone de Quechua) y de allí de vuelta al hotel a tiempo para un par de masajes bien merecidos.




A la mañana siguiente nos despertamos de nuevo muy temprano para ir a la Cruz del Cóndor, un mirador a una hora y medio de camino donde una familia de cóndores andinos tiene el hábito de volar cada mañana. Decenas de personas esperan pacientes a que sol caliente el aire y los cóndores empiecen a planear al borde del acantilado. Llegamos de primeros (como a las 7 de la mañana) y nos sentamos al borde del precipicio con nuestras cámaras listos para ver al pájaro más grande del mundo ( el avestruz es mas grande, si, pero no vuela). Pasaban las horas y solo habíamos visto un colibrí hasta que de repente pasó flotando muy cerca de nosotros, de ida y de vuelta, un cóndor majestuoso con su cara arrugada y verrugosa. Después de todo era domingo, porque iba a despertarse tan temprano? No muy lejos, en una parada que hicimos para comprar agua, vimos el tercer pájaro del día, un águila azul domesticada que insistí en colocarme en el hombro.




De allí de vuelta a Chivay, a pasear por el mercado y almorzar antes de tomar el autobús a Arequipa. "Alpaca, sopa de Alpaca señorito", nos decía muy amable una señora mientras nos mostraba el fémur del animal. Nosotros preferimos comernos una modesta pizza no lejos de la plaza. Puntuales como siempre nos subimos a un mototaxi y un sol más tarde estábamos de primeros en el terminal listos para montarnos en el autobús de los frenos quejumbrosos. Nos sentamos en nuestros puestos, el 17 y 18, y partimos sin más demora montaña arriba y luego montana abajo cabeceando cansados sonando con las ranas chevrolet y la sopa de Alpaca.

Arequipa es una ciudad encantadora con un centro colonial muy blanco varias veces reconstruido luego de los terremotos que la sacuden con regularidad. Fundada en 1540 Arequipa es, pero no se siente así, la segunda ciudad más grande del Perú. Mucho más pausada, esta toda construida de piedra volcánica blanca que resplandece con el sol. Nos tomamos una cerveza esa noche en una terraza con vista a la Plaza de Armas y luego comimos un pollo memorable en el Pollo Real a una pocas cuadras del centro. La ciudad está llena de pequeños restaurantes y casas coloniales muy bien conservadas. En las calles las paredes llenas de afiches anunciando un concierto de Richard Clayderman en los proximos dias (buen termómetro de la carrera de un artista cuando Arequipa es parada obligatoria del tour). Nos acostamos temprano.

A la mañana siguiente salimos directo al Monasterio de Santa Catalina, un monasterio inmenso (una ciudad dentro de la ciudad). Fundado en 1579 albergo a las hijas de las mejores familias de la ciudad. Allí llegó incluso Flora Tristán como refugiada (hay un capítulo de su libro Peregrinaciones de una paria, tal vez el mejor, que se llama los Conventos de Arequipa y que cuenta las "licencias" que se permitían las monjas del monasterio). Los pasillos y los claustros están impecablemente cuidados, todo adornado de árboles y flores, las calles con nombres de regiones de España. Dos horas después, apenas el tiempo suficiente para recorrerlo, salimos y fuimos a visitar el museo Santury http://www.ucsm.edu.pe/santury/ una colección impresionante que incluye a Juanita, el cuerpo congelado y perfectamente conservado de una adolescente inca sacrificada en el Nevado Ampato.




Nuestro último almuerzo, y sin duda el mejor, fue en Chicha el restaurant de Gastón Acurio en Arequipa. Chupe de camarones, ñoquis de camarones, rocoto, choclo y unos cuantos platos más de comida arequipeña. A las seis de la tarde ese lunes salió nuestro vuelo a Lima, allí, en el aeropuerto, nos despedimos. Nadav volaba de vuelta a Miami; yo, algo triste, me quede solo tarareando desafinadamente -sin saber por qué- una melodía de Clayderman.

 
 
 

Comments


IMG_2740 (1).jpg

Señor Grumberto

Soy adicto al chocolate, los viajes y reir sin parar. Adoro a mi cubana y nuestros hijos, a Camila mi primogénita, fiel amigo, amigo de mi hermano. Soy glotón y devoro páginas. Vivo cada día como el primero de mi vida!

 

Quieres leer mis crónicas?

Thanks for submitting!

© 2023 by Going Places. Proudly created with Wix.com

  • White Facebook Icon
bottom of page